Un chico y su perro en el fin del mundo: Lealtad tras el apocalipsis

Portada Un Chico y su perro en el fin del mundo

En el género posapocalíptico hay libros clásicos que a todos nos vienen a la cabeza y hay libros recientes que están destinados a dejar su huella en este subgénero. Sin duda, recién terminada esta novela, Un chico y su perro en el fin del mundo forma parte del segundo grupo.

Suelo repasar las próximas novedades literarias de mi género favorito a menudo, así que cuando vi que Minotauro iba a lanzar esta novela de C. A. Fletcher la anoté en mi Lista De Cosas A Comprar. Venía de leer la desasosegante Desolación, de Juan Ricart Gomez y la sinopsis de Un chico y su perro en el fin del mundo me pareció bastante más fresca después de una lectura que me había calado muy profundo.

Un chico y su perro en el fin del mundo es una historia de supervivencia, coraje y esperanza ambientada en las ruinas de nuestro mundo.

Así que en cuanto localicé un ejemplar en mi librería favorita me lancé de lleno apartando multitud de zombis que se agolpaban en mi camino para impedirme llegar hasta la novela y me hice con ella.

Vale, lo de los zombis no pasó así, de hecho no pasó, pero quedaba guay ¿no? No contestes y sigue leyendo, hagamos como que esto no ha sucedido.

Según Planeta de Libros C.A. Fletcher tiene hijos y perros. Vive en Escocia con su familia y escribe para vivir. Después de muchos años trabajando para cine y televisión como guionista, ahora está centrado en su faceta como novelista. También colabora como articulista en diversos periódicos y revistas.

El libro, publicado por Minotauro, se presenta en tapa blanda con sobrecubiertas y una extensión de 392 páginas.

Las tribulaciones de Gris para recuperar a su perra.

Ese podría haber sido el título alternativo del libro, pero como no me preguntaron a mí por una opción pues aquí se queda, de subtítulo de un artículo sobre el libro.

Portada Un Chico y su perro en el fin del mundo
Portada de la novela Un chico y su perro en el fin del mundo

La novela comienza con un pequeño núcleo familiar que vive aislado en una (¡sí!) isla de la costa escocesa. La vida transcurre placida y monótonamente para Gris, el protagonista que nos narra a nosotros su historia,  con pequeños contactos esporádicos con otras familias que viven en islas más o menos cercanas. Lo primero que destaca acerca de este mundo es que está extremadamente despoblado. Ocurrió un desastre mencionado en el texto como la Castración que impidió a la gente tener descendencia, por lo que en una generación el mundo se vio empujado al borde de la extinción. Como suele ocurrir, solo unos pocos pudieron verse libres del desastre y podían reproducirse. Estos son los descendientes de aquellos afortunados, que siguen adelante en un mundo demasiado grande y desconocido como para atreverse a ir muy lejos.

Pronto el conflicto se presenta en forma de navegante que llega al hogar de Gris con la intención de intercambiar bienes conseguidos en sus viajes. Ocurre algo que impulsa a nuestro protagonista a emprender un largo viaje tras un animal que considera de su familia en un mundo demasiado extenso y desconocido como para no resultar aterrador.

Me llamo Gris. No fui nunca a la escuela. Jamás tuve amigos y en toda mi vida no conocí suficientes personas como para jugar un partido de fútbol. Mis padres me contaron que antiguamente el mundo había estado lleno de gente, antes de que se vaciara. Pero nunca nos sentimos solos en nuestra isla. Nos teníamos los unos a los otros, y teníamos a nuestros perros.
Entonces llegó el ladrón.

El marco que rodea a la narración en gran parte de su recorrido es el mar, los barcos y la supervivencia marítima. Con una profundidad y duración justa para que no canse a los que no somos muy amigos de aventuras marítimas. Es refrescante cómo ese mismo mar (mira otra referencia acuática) el leer historias posapocalípticas alejadas de los escenarios más arquetípicos del subgénero, llenos de desiertos y polvo, y es ese equilibrio entre viaje naval y terrestre el que ayuda al ritmo de la narración. Así mismo el que esté ambientada en Europa, aunque sea en una extensión muy limitada y muy cambiada debido a la crecida de las aguas, es algo muy a su favor.

Sobre narración y tono

Y ya que abordamos la narración (¡al abordajeeee!), esta usa un recurso muy ingenioso para justificar que Gris nos hable a nosotros, el hipotético lector de sus andanzas, sabiendo que somos habitantes del pasado, el Antes en el libro, y que ahora, en el Después, ya llevamos mucho tiempo muertos. Gris dialoga con nosotros, nos pregunta, nos imagina y nos justifica sus actos. Estos actos sirven para que conectemos con él de una forma que otros relatos no consiguen.

Un chico y su perro en el fin del mundo está lleno de detalles así de finos, de misterios cuyas respuestas se van desvelando poco a poco según avanza nuestra lectura. Es este un libro peligroso que te engancha a seguir leyendo un poco más y otro poco más, hasta que se ha hecho de noche, toca cenar y hacer caso a la familia y te toca abandonar la lectura remugando “porque lo tienes que dejar ahora que está tan interesante”.  Es una novela que disfrutar porque plantea muchas dudas según avanza el relato, pero si te sumerges en sus páginas como Gris se lanza a la búsqueda de su perra te recompensará con un mundo casi vacío pero fascinante, con muchas respuestas a las dudas que te planteó al principio, y con ganas de saber más sobre las que van apareciendo.

En este aspecto sabe jugar muy bien con la información que va dejando entre líneas. ¿Por qué parece conocer Gris tanto acerca del Antes y al mismo tiempo desconocer tantas cosas? ¿Qué clase de circunstancia le hace posible hablar con nosotros que llevamos tanto tiempo desaparecidos en su mundo? ¿Por qué tiene esa extraña manía de adelantarse a su mismo relato dejándonos entrever que el plan que ha ideado va a salir fatal, por ejemplo?

Esta última al menos la puedo contestar: para engancharte de mala manera a sus páginas y que las horas se te pasen volando.

Otro aspecto muy importante que impulsa el viaje de Gris es esa lealtad indestructible por su perra. Esa obligación que siente por un animal que es más que un animal para él, es un miembro de su reducido círculo, de su tribu. Esa persecución por recuperarla estará siempre presente en su cabeza pase lo que pase, sin desfallecer más que en contadas ocasiones. El relato está lleno de amor por la naturaleza, por los animales y por la vegetación, siendo reflejado en su mayor parte en los perros que protagonizan el relato junto a Gris.

No creeríais que Un chico y su perro en el fin del mundo era un título puesto porque sí, ¿verdad?

Pero también es un canto de amor por los libros. A lo largo de su historia Gris se va encontrando con clásicos de nuestra literatura, y seremos cómplices de sus pensamientos si conocemos esos mismos libros de los que nos habla.

Booktrailer del libro compartido desde el canal de Ediciones Minotauro

El tono de la novela navega entre dos aguas (creo que ya es suficiente de bromas marineras), ya que pese a que la historia cruza pasajes muy dramáticos, se desprende un tono ligero de lo narrado que te hace sentir la complejidad de Gris, alguien de corta edad que te está contando su historia y que se vio obligado a crecer de golpe. De nuevo ese equilibrio ayuda a dotar de un sabor propio al libro.

Y es según nos acercamos a su final cuando el autor nos suelta un bofetón de realidad literaria aplicable también a nuestro día a día, dando la vuelta a un concepto que teníamos como seguro desde el inicio. Aquí me quité el sombrero, me levanté y aplaudí (y mi familia me miró raro). Son los diálogos otro de los puntos positivos de Un chico y su perro en el fin del mundo, integrados de manera natural en los párrafos y que son verdaderas obras de ingenio en su mayor parte, sobre todo en los que incluyen a Gris y a ese navegante que arriba a la isla al comienzo del relato.

Como algún punto negativo creo que algunos pasajes transcurren con excesiva ligereza, sobre todo durante los encuentros con extraños, pero seguramente esto sea un perjuicio mío, acostumbrado a supervivientes despiadados y a sicópatas del fin del mundo que disparan antes de preguntar. Aquí se impone casi siempre el diálogo a lo físico, traído por un protagonista con unos férreos principios que resultan creíbles al haberse criado sin apenas contacto exterior y con un padre autoritario que le ha enseñado a usar la cabeza antes que los músculos si quiere sobrevivir.  Tiene sentido visto así porque en un mundo gigantesco, vacío y lleno de peligros invisibles, cualquier acción impulsiva puede acarrear un accidente de nefastas consecuencias, y con una humanidad al borde de la extinción, es buena idea tomarse con calma los encuentros con extraños, tan escasos como preciosos.

Y sí, acabo de autojustificarme el único punto negativo que he encontrado a la novela, así soy yo.

Conclusión final: Un imprescindible

Un chico y su perro en el fin del mundo es una novela que seguro que no pasará desapercibida a los amantes del género. Tiene además una narración que podría llevarse a la gran pantalla sin problemas y que resultaría muy agradecida de trasladar. Estaría encantado de en unos años poder reseñar su versión cinematográfica con vosotros porque lo merece.

Si buscas un relato diferente a lo típico en ambientaciones posapocalípticas, gustas de textos bien trabajados y diálogos ingeniosos, y sobre todo, de una aventura épica que atraviese islas, mares y masas de tierra enormes y despobladas, sin duda consigue este libro y devóralo antes de que tu familia te busque porque llevas muchas horas callado y sin contestar mensajes.

C. A. Fletcher ha conseguido una obra redonda que pasa a estar entre mis lecturas favoritas. No dudo que volveré a recorrer las aguas de Un chico y su perro en el fin del mundo en algún momento. Me haría especial ilusión que comentaras en esta misma entrada si has leído esta novela y qué te ha parecido.

Un chico y su perro en el fin del mundo

Nivel de posapocalipsis: 10/12

Valoración personal: 10/12

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